Una imagen fue suficiente para detonar un debate masivo dentro del fandom del anime. MrBeast cambió recientemente su foto de perfil en redes sociales por una imagen de Monkey D. Luffy, protagonista de One Piece, lo que provocó una oleada de reacciones divididas entre entusiasmo, críticas y acusaciones de oportunismo por parte de ciertos sectores de la comunidad.
Mientras muchos seguidores celebraron el gesto como una muestra genuina de aprecio por el anime, otros usuarios cuestionaron la legitimidad del creador de contenido como fan, argumentando que su popularidad masiva “trivializa” una obra que consideran parte de una identidad cultural más cerrada. Este tipo de reacción reavivó el viejo debate sobre el gatekeeping, una práctica recurrente en comunidades fandom donde se intenta decidir quién “merece” o no identificarse como seguidor legítimo.
Las críticas no tardaron en escalar, especialmente desde comparaciones con otros títulos emblemáticos como Naruto, señalando rivalidades históricas entre fandoms y una narrativa de competencia que, para muchos, resulta cada vez más obsoleta. En contraste, una parte importante de la comunidad defendió la normalización del anime como cultura global, argumentando que su crecimiento depende precisamente de su apertura y diversidad de públicos.
Ante la controversia, MrBeast respondió de forma directa, dejando claro que su elección no buscaba provocar ni apropiarse de una comunidad, sino expresar gustos personales. Su postura fue respaldada por miles de usuarios que señalaron que el anime, lejos de ser un espacio exclusivo, se ha convertido en un fenómeno cultural transversal que conecta generaciones, idiomas y contextos distintos.
La situación también puso sobre la mesa el impacto de figuras públicas en la difusión del anime. Cuando creadores con audiencias multimillonarias interactúan con este tipo de contenidos, amplifican su alcance global, algo que beneficia directamente a las obras, estudios y autores involucrados. Para muchos fans, este tipo de visibilidad no representa una amenaza, sino una validación del lugar que el anime ocupa hoy en la cultura popular.






